En cuestión de días, los sitios de chismes, las secciones de negocios y algunos periódicos de fin de semana comenzaron a informar sobre su esposa inestable, su partida impulsiva, su difícil embarazo y su sospechosa relación con Gabriel Delacourt, sembrando dudas insanas sobre la paternidad de los niños.
Un artículo la describía como una mujer ambiciosa y profesional que había pasado con alarmante rapidez de su esposo multimillonario a otro hombre poderoso.
Otro mencionaba fragilidad emocional posparto.
Valérie leyó dos titulares con atención antes de que Lucie le arrebatara el teléfono.
«Deja de trabajar para ellos», le dijo.
Su actitud no era tranquilizadora.
Su actitud era un contraataque.
Menos de 24 horas después, las imágenes del vestíbulo de la Torre La Défense se transmitieron en todos los canales de noticias.
Las imágenes muestran a Valérie, con seis meses de embarazo, caminando sola bajo la lluvia después de firmar los documentos, sin coche, sin chófer, sin ayuda de nadie.
Unos minutos después, vieron a Alexandre salir del brazo de Camille, sin siquiera mirar hacia la calle por donde su esposa se alejaba.
La opinión pública cambió con la torpe y ruidosa torpeza de una manada hambrienta.
La junta directiva de Beaumont Capital negó cualquier implicación.
Camille publicó una foto en blanco y negro de sí misma llorando entre sábanas de seda y pidiendo privacidad.
Internet se inundó de imágenes.
Pero la herida más profunda llegó donde más importaba.
A los inversores no les gustan los hombres que malinterpretan los símbolos.
Las juntas directivas detestan aún más cualquier cosa que se parezca a una disputa por la herencia.
Gabriel, por otro lado, parecía indiferente.