—¿Qué le pasó? —pregunté, mientras al otro lado de la línea escuchaba un monitor, el roce de una cortina hospitalaria y unas ruedas cruzando linóleo.
—La trajeron hace cuarenta minutos. Lesiones en la espalda, múltiples cortes superficiales. Está inconsciente, pero estable. La policía ya fue notificada. Y hay algo que tienes que ver tú mismo.
Durante treinta y seis años abrí cuerpos para salvar vidas, saqué fragmentos de vidrio, cosí arterias y reconocí el olor metálico de la sangre antes de verla. Aun así, esa frase me dejó frío.