—Tomás, perdón que me meta, pero en las tardes se escuchan gritos de una niña dentro de tu casa.
Me quedé parado frente al portón con las llaves en la mano, como si Doña Estela me hubiera aventado agua helada en la cara.
—Tomás, perdón que me meta, pero en las tardes se escuchan gritos de una niña dentro de tu casa.
Me quedé parado frente al portón con las llaves en la mano, como si Doña Estela me hubiera aventado agua helada en la cara.