“Daniel, después de todo lo que pasó, ¿entiendes por qué dudo en volver a mezclar dinero y familia, verdad?”.
“Entiendo perfectamente, papá”. Me miró a los ojos. “En serio, y por eso mismo quiero hacer todo diferente esta vez, nada de pasar a su nombre o al mío. Haríamos una compra conjunta, los dos como propietarios, y yo pagaría mi parte con intereses si fuera necesario. Ya no quiero nada regalado en la vida”.
Esas últimas palabras tocaron hondo en mi corazón. Era exactamente lo que quería escuchar, que había entendido la lección, que estaba dispuesto a trabajar duro, a merecer lo que recibía.
“Vamos a pensar en eso con calma”, respondí más abierto a la idea de lo que imaginaba estar. “No necesitamos decidir nada ahora”.
Juana, que había seguido la conversación en silencio, finalmente se manifestó.
“Sería como volver a ser una familia de verdad, ¿no, abuelo?”.
“Ya somos una familia de verdad, mi flor”, respondí tomando su mano. “No importa si vivimos en casas diferentes. Lo que hace una familia son los lazos, el respeto, el amor”.
Pero la idea fue creciendo dentro de mí. Tal vez fuera hora de dar un paso más en la reconstrucción de nuestra familia. Un paso cauteloso, claro, pero aun así un paso adelante. Una semana después llamé a Daniel para una conversación seria.
“Estuve pensando en tu propuesta, hijo. Creo que podemos intentar, pero con algunas condiciones”.
“¿Cuáles condiciones, papá?”.
“Primero, como dijiste, la casa sería a nombre de los dos, mitad y mitad. Segundo, haríamos un contrato formal registrado en notaría, estableciendo cómo sería la convivencia, las responsabilidades de cada uno. Tercero, tú seguirías pagando tu parte, no como renta, sino como inversión en la propiedad”.
Daniel aceptó todo sin dudar.
“Es justo, papá. Ya no quiero atajos en la vida. Quiero ganarme las cosas”.
Y así comenzó otro capítulo de nuestra historia. En los meses siguientes buscamos una casa que satisfiera nuestras necesidades. Encontramos una en la colonia Ciudad Nueva misma, no muy lejos de mi casita. Era una casa antigua, necesitaba reformas, pero con buena estructura, algo que pude verificar personalmente usando mis conocimientos de maestro albañil.