La casa tenía tres recámaras, sala amplia, cocina grande, patio atrás. Necesitaba instalación eléctrica nueva, algunos arreglos en el techo, pintura general, pero nada que no pudiéramos hacer poco a poco con nuestro propio trabajo. Usamos el dinero que tenía guardado para dar el enganche y Daniel asumió el financiamiento del resto. Hicimos todos los documentos como habíamos acordado, la casa a nombre de los dos, un contrato claro sobre las responsabilidades de cada uno, todo registrado y legal.
La remodelación de la casa se volvió un proyecto familiar. Yo supervisaba usando mi experiencia. Daniel ejecutaba la mayor parte del trabajo pesado, aprendiendo en la práctica lo que yo enseñaba en teoría. Juana ayudaba en los acabados, escogiendo colores, ayudando a pintar, dando ideas para la decoración. Hasta don Osvaldo colaboró dando descuentos en los materiales, orientaciones técnicas, a veces hasta prestando empleados de la tienda para los servicios más especializados.