Ni cruel ni fría.
Ni encantadora ni engañosa.
Desesperada.
Fea por la desesperación.
Lucie apareció en la puerta, gélida.
«Te dijeron que este piso estaba prohibido».
Alexandre la ignoró. Su mirada se posó en el vientre vacío de Valérie, en la pulsera de recién nacida en su muñeca, en la carpeta sobre el borde de la mesa. Comprendió.
Su expresión cambió.
«¡Dios mío!… Los atrapaste».
Entonces su dulzura se desvaneció.
«Estos niños son míos. Quiero asistencia legal inmediata».
Sus abogados comenzaron a hablar simultáneamente: intereses paternos, custodia de emergencia, representación familiar, medidas de protección. Uno de ellos incluso se atrevió a sacar algunos documentos.
Gabriel no alzó la voz.
Simplemente giró la cabeza ligeramente.
«Si alguno de esos dos hombres da un paso más hacia esa cama, seguridad lo arrastrará por el cuello».
Nadie se movió.
Entonces Alexandre vio a Gabriel de verdad.
Y en un instante, el rubor desapareció de su rostro.
Hombres como Alexandre saben perfectamente el poder que ostenta Gabriel Delacourt, pues pasan la vida imitando versiones en miniatura de ese poder. El miedo reconoce al instante a la especie superior.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Alexandre.
Gabriel se ajustó una muñeca con calma.
—Estoy limpiando un desastre que empezó en el edificio que me pertenece.
Aquello le impactó.
Valérie casi había olvidado que Beaumont Capital había alquilado una planta entera de oficinas a Delacourt Holdings. La sala de conferencias de donde Alexandre la había echado como si fuera una cláusula inútil se encontraba en el imperio de Gabriel. Si quería grabaciones de vigilancia, registros de ascensores, grabaciones del vestíbulo, declaraciones del personal, ya las tenía.
—No tienes derecho a inmiscuirte en los asuntos de mi familia —espetó Alexandre.
Gabriel lo miró con un desprecio apenas perceptible.
«Y no tienes ni idea de lo que perdiste al echar a una mujer embarazada de seis meses a la calle en medio de una tormenta».
Alexandre intentó recuperar su habitual arrogancia.
«Esto es asunto mío y de mi esposa».