Maya no está aquí. Se está quedando con sus abuelos por un tiempo. Empezó a cerrar la puerta, pero se detuvo. Le preguntaré si sabe algo, ¿de acuerdo?
Me quedé allí parada, sin saber qué decir, con un instinto que me impulsaba a insistir más, pero no sabía cómo.
Luego cerró la puerta.
Algo pareció cerrarse alrededor de su rostro.
***
Las semanas que siguieron fueron las peores de mi vida.
Colocamos carteles y publicamos mensajes en todos los grupos locales de Facebook y tablones de anuncios comunitarios que pudimos encontrar.
La policía también realizó búsquedas, pero con el paso de los meses, estas disminuyeron. Finalmente, todos comenzaron a considerar a Daniel un fugitivo.
Yo conocía a mi hijo. Daniel no era el tipo de chico que desaparece sin decir palabra.
Y jamás habría dejado de buscarlo, sin importar cuánto tiempo me llevara.
Todos empezaron a tratar a Daniel como a un fugitivo.
“Daniel es amable y sensible. Es el tipo de niño que pide disculpas cuando alguien choca con él.”