Detectar mentiras no siempre es fácil. A menudo, la gente busca señales como el contacto visual, los gestos nerviosos o el tono de voz, pero estos indicadores no siempre son fiables. Algunas personas parecen tranquilas al mentir, mientras que otras se muestran nerviosas incluso al decir la verdad. Por lo tanto, varios psicólogos conductuales aconsejan prestar más atención a las preguntas que se formulan que a los gestos de la otra persona.
En los últimos años, investigadores y expertos en comunicación y lenguaje han señalado que ciertas preguntas estratégicas pueden aumentar significativamente la probabilidad de descubrir inconsistencias en una declaración. De hecho, existe una técnica sencilla basada en dos preguntas clave que ayuda a revelar contradicciones cuando alguien no está diciendo toda la verdad.
El principio que subyace a este método es simple: mentir requiere más esfuerzo mental que decir la verdad. Quien inventa una historia debe recordar los detalles añadidos, mantener la coherencia narrativa y responder a las nuevas preguntas sin contradecirse. Este proceso exige un mayor nivel de concentración y memoria que simplemente relatar un hecho real.
Como primera pregunta, algunos expertos recomiendan pedirle a la persona que repita la historia en orden inverso. Por ejemplo, si alguien describe lo que sucedió en una situación particular, se le puede pedir que describa los eventos paso a paso hacia atrás, comenzando desde el final.
Esta estrategia funciona porque quienes dicen la verdad tienden a recordar los hechos reales con mayor facilidad, incluso si alteran el orden de la historia. En cambio, a quienes inventan una historia les puede resultar difícil reordenar los acontecimientos, ya que la narración no se basa en recuerdos reales, sino en una construcción improvisada.
Intentar reconstruir una historia a la inversa aumenta el esfuerzo cognitivo, lo que puede provocar pausas más largas, contradicciones o lagunas en la narración. Estas inconsistencias no demuestran automáticamente que alguien esté mintiendo, pero pueden indicar que la historia requiere un análisis más profundo.
La segunda pregunta clave busca obtener detalles inesperados o muy específicos sobre la secuencia de los acontecimientos. Por ejemplo, se podría preguntar quién más estaba presente, qué sucedía a su alrededor en ese momento o qué ocurrió inmediatamente antes o después de la situación descrita.
Cuando alguien relata un hecho real, suele recordar también aspectos secundarios del incidente, aunque no sean el tema central de la historia. Estos incluyen detalles del entorno, conversaciones cercanas o acciones menores que ocurrieron en el contexto del suceso principal.
Los mentirosos, por otro lado, tienden a centrarse en inventar una historia verosímil. Por lo tanto, les puede resultar más difícil responder preguntas inesperadas sobre detalles que no tuvieron en cuenta al crear la historia.
Otro aspecto interesante es que quienes dicen la verdad suelen aportar información adicional, mientras que quienes inventan una historia a menudo se limitan a lo esencial para evitar errores. Esta diferencia en el estilo narrativo puede ser una pista importante para evaluar la credibilidad de una explicación.