«Daniela… está intentando hacerte daño».
Su prima trabajaba en la fiscalía. La contacté de inmediato.
Me dijo que necesitaban pruebas.
Esa noche, revisé nuestros documentos.
Encontré la póliza de seguro actualizada.
Mauricio era el único beneficiario.
También había gastos sospechosos: restaurantes, estancias en moteles, compras de productos químicos.
A las 7 de la tarde, me envió un mensaje:
“Cenamos en casa. Ponte el collar. Quiero que estés guapísima”.
El plan estaba listo.
Le seguiría el juego.
La policía colocó dispositivos de grabación en el apartamento.
El collar fue reemplazado por una réplica de la caja fuerte.
Cuando entré al comedor, todo parecía perfecto: velas, vino, mantel blanco.
Como un aniversario.
Como una mentira.
Sus ojos se fijaron en mi cuello.
“Estás guapísima”, dijo.
No había amor en su voz.
Solo alivio.
La cena se prolongó.
Luego entró en la cocina, dejando el teléfono.
Vibró.
Apareció un nombre: Karen.
Desde la cocina, oí su voz:
“Lo lleva puesto”.
“No te preocupes”.
“Dormirá con él. Mañana parecerá una reacción alérgica”.
“El seguro está listo.”
Sentí un escalofrío.
Ya no era una sospecha.
Era la verdad.
PARTE 3
Cuando regresó, yo ya estaba de pie.
“¿Qué pasa?”, preguntó.
No estaba preocupada.
Molesta.
“Nada”, dije con calma. “Solo me preguntaba cuánto tiempo llevas ensayando esto.”
Antes