La razón por la que la mayoría de las personas permanecen despiertas con pensamientos acelerados no es que sus problemas sean irresolubles, sino que el cerebro los mantiene activos para asegurarse de que no se olviden.

 

Una investigación publicada en el Journal of Experimental Psychology descubrió que los participantes que dedicaron cinco minutos a escribir una lista específica de tareas y preocupaciones antes de acostarse se durmieron, en promedio, nueve minutos más rápido que quienes escribieron sobre actividades completadas. Los investigadores hallaron que el acto de escribir redujo la monitorización activa del cerebro sobre los asuntos pendientes —cerrando los bucles mentales que el efecto Zeigarnik mantiene abiertos— y permitió que la corteza prefrontal se desconectara lo suficiente para conciliar el sueño.

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