La tercera casa se manifiesta en aquellos que han vivido tanto para los demás que han olvidado lo que significa vivir para sí mismos. Esto no es egoísmo, aunque uno podría suponer que es superable. Les han enseñado que las buenas personas siempre están al servicio de los demás, que quien se toma su tiempo es egoísta y que quien dice “no” es una mala persona, una mala pareja, un mal amigo, un mal compañero.
Eso no es cierto. Tomarse media hora al día para uno mismo no es egoísta. Es perfectamente posible regalarse un momento de paz. No hay nada de malo en pasar una tarde sin tener que dar explicaciones a nadie. En cuanto a la solución: simplemente, dar un paso atrás. Porque si no te dedicas tiempo a ti mismo, después no te quedará nada que hacer.
Cuarta Casa – Falta de reconocimiento
Cuando se elige la cuarta casa, la carencia que sientes no es ni material ni práctica, sino profundamente humana: te sientes infravalorado. Estás haciendo todo bien, quizás incluso más de lo necesario. No te rindas, ni en el trabajo, ni en casa, ni con tu familia ni con tus amigos. Haz lo que es importante para ti y lo que los demás están dispuestos a hacer por ti. ¿Y qué recibes a cambio? Silencio.
No había premio ni recompensa. Si alguien se hubiera presentado, habría dicho: «Entiendo lo que está en juego. Es importante. Estás aquí». Eso habría bastado. Pero por alguna razón, es demasiado para ti.