¡Elige una casa y descubrirás lo que realmente te estás perdiendo ahora mismo!

En realidad, nunca se alcanza del todo lo que más se desea en la vida. La perfección solo surge una vez que se ha logrado; mientras sea diferente, aún no se ha llegado a ella, y permanece inalcanzable, distante. Claro que existe el riesgo. Pero el mayor riesgo hoy en día ni siquiera es un examen. Y siempre está presente tras esa pared de cristal.

Piénsalo: ¿En quién puedes confiar de verdad en tu vida? ¿En alguien con quien no tengas que ser duro? Si eres diferente, ya sabes la respuesta. Y una cosa más: la próxima vez que alguien te pregunte cómo estás, di la verdad.

Tercera Casa – No hay tiempo para uno mismo

Tener una segunda residencia implica perderse más que nunca. No en sentido figurado, sino literalmente. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo simplemente por el puro placer de hacerlo? ¿Cuándo fue la última vez que desapareciste durante meses? ¿Cuándo volverás a dar un paseo a solas con auriculares, sin un destino fijo? ¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste de una taza de café en paz, sin tener que dar explicaciones a tres personas?

Ahora te das cuenta de que cada minuto de tu vida pertenece a otra persona: el trabajo, la familia, los recados, las entregas. Y pase lo que pase —si es que pasa algo— ya no te da la energía suficiente. No es que te falte tiempo; te falta el tiempo mismo.

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