Corrió a contarle a su esposo que heredó 480,000,000 de pesos, pero lo encontró con su amante intentando echarla de su propia casa

Vanessa dudó hasta que uno de los guardias se acercó. Finalmente se quitó los aretes y los dejó caer en la palma de Mariana.

Sofía y Mateo observaban todo con miedo.

Mariana se agachó frente a ellos.

—Vayan con el licenciado Bernardo al auto. Hay jugo y galletas.

—No quiero dejarte sola —susurró Sofía.

—No me estás dejando. Me estás ayudando a terminar una conversación de adultos.

Cuando los niños estuvieron dentro de la camioneta, Mariana se incorporó.

Alejandro dejó caer los papeles del divorcio.

—Podemos hablar adentro.

—No vas a entrar.

—Esta también es la casa de mis hijos.

—Ellos pueden entrar cuando quieran. Tú no.

Vanessa apretó los labios.

—¿Vas a echar al padre de tus hijos solo porque se enamoró de otra mujer?

Mariana la miró sin pestañear.

—No lo echo por enamorarse. Lo echo por humillarme frente a mis hijos, empacar mis cosas y tratar de quedarse con la custodia antes de iniciar el divorcio.

Alejandro se pasó una mano por el cabello.

—No quería que pasara así.

—Pusiste mis maletas en la banqueta.

—Estaba confundido.

—No parecías confundido cuando firmaste los papeles.

Bernardo regresó con un sobre.

—La relación entre Alejandro y Vanessa comenzó hace 17 meses.

Ambos palidecieron.

—¿Cómo sabe eso? —preguntó Alejandro.

—La señora Isabel tenía dudas sobre usted. Ordenó una investigación discreta antes de morir.

El abogado entregó fotografías a Mariana.

Alejandro y Vanessa saliendo de un hotel en Santa Fe.

Besándose dentro del estacionamiento de la empresa.

Vanessa entrando a la residencia durante un fin de semana en que Mariana llevó a los niños a Querétaro.

Mariana sintió un golpe seco en el pecho.

Sabía que existía una traición, pero una parte de ella todavía esperaba que Alejandro negara todo.

Vanessa intentó quitarle las fotografías.

—Eso no demuestra nada.

Mariana apartó su mano.

—Demuestra que entraste a mi casa mientras yo cuidaba a mis hijos.

Vanessa sonrió con crueldad.

—Y no fue la única vez.

—Cállate —ordenó Alejandro.

—¿Por qué? Ya se acabó el secreto.

Vanessa se volvió hacia Mariana.

—Él nunca te amó como tú creías. Se quedó porque eras útil. Cuidabas a los niños, hacías la comida y pagabas las cuentas.

Mariana sacó su teléfono.

—¿Eso fue lo que te dijo?

Reprodujo un audio que Bernardo le había entregado esa mañana.

La voz de Alejandro salió clara:

“Vanessa cree que voy a casarme con ella. Déjala pensar eso. Cuando Mariana firme el divorcio, usaré la casa como garantía para pagar las deudas. Después veré qué hago con Vanessa”.

La amante quedó helada.

Alejandro intentó arrebatar el teléfono, pero un guardia lo sujetó.

El audio continuó:

“Vanessa solo sirve para distraer inversionistas. Mariana nunca revisa lo que firma. La casa vale una fortuna”.

Vanessa miró a Alejandro con rabia.

—¿Ibas a abandonarme?

—Está fuera de contexto.

Ella le dio una bofetada.

—¡Me prometiste matrimonio!

—Y tú sabías que yo tenía esposa —respondió él.

Durante varios segundos discutieron como 2 personas que acababan de descubrir que habían sido usadas por el mismo hombre.

Bernardo levantó la voz.

—La infidelidad no es lo más grave.

Sacó una carpeta roja.

—La auditoría de Salazar Consultores reveló transferencias irregulares desde cuentas vinculadas al fideicomiso de Mariana.

El corazón de ella se aceleró.

—¿Qué transferencias?

Alejandro cerró los ojos.

Bernardo mostró los estados de cuenta.

Había préstamos, garantías y retiros por más de 40,000,000 de pesos.

Todos autorizados con una firma digital a nombre de Mariana.

—Yo jamás aprobé esto.

—Alejandro utilizó documentos que usted firmó creyendo que eran declaraciones fiscales —explicó Bernardo—. Con ellos obtuvo poderes limitados y líneas de crédito.

Mariana miró a su esposo.

—¿Robaste dinero de mi fideicomiso?

—No lo robé. Lo invertí.

—Sin decirme.

—Era para nuestra familia.

—¿La misma familia que acabas de expulsar?

Vanessa retrocedió.

—Me dijiste que el dinero venía de inversionistas.

Alejandro la ignoró.

—La empresa necesitaba tiempo. Iba a recuperarlo.

Bernardo cerró la carpeta.

—La empresa tiene deudas por 112,000,000 de pesos, 3 demandas de proveedores, 2 créditos vencidos y una investigación fiscal.

Vanessa abrió los ojos.

—¿112,000,000?

Alejandro apretó los dientes.

—Puedo arreglarlo.

—Ya no —respondió Bernardo—. Al aceptar Mariana la herencia, se congelaron las cuentas vinculadas al fideicomiso.

Alejandro perdió el equilibrio por un instante.

—No pueden congelar mi empresa.

—Las cuentas nunca fueron suyas.

Mariana sintió que, por primera vez en años, veía la realidad completa.

Alejandro no había construido una empresa exitosa.

Había levantado una fachada utilizando dinero ajeno.

—Piensa en los niños —dijo él.

—He pensado en ellos durante 11 años.

—Si mi empresa cae, su futuro también.

—Su futuro no depende de tu consultoría.

—No sabes administrar una fortuna así.

Mariana sonrió con tristeza.

—Tú tampoco.

Vanessa tomó su bolso.

—Yo me voy.

Alejandro la sujetó de la muñeca.

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