Hija de un herrero y una costurera, creció en un hogar modesto donde el taller de su padre se ubicaba en el patio, cuyo ritmo lo marcaba el sonido constante del martillo golpeando el yunque. Su padre murió en junio de 1940 durante la retirada francesa, en una carretera atestada de refugiados que huían del avance alemán. A partir de entonces, Elise y su madre se ganaron la vida cosiendo uniformes para la administración de ocupación.
Aceptaron el trabajo no por convicción, sino por necesidad en un país propenso a las requisiciones y la escasez. La mañana de su arresto, antes del amanecer, tres soldados alemanes llamaron a la puerta. Alegaron tener un soplo sobre la posesión de una radio secreta, una acusación común en aquella época y utilizada a menudo para justificar arrestos arbitrarios.
No se presentó ninguna prueba. En el clima de sospecha fomentado por las autoridades de ocupación, bastaba con añadir sus nombres a la lista. Elise y su madre fueron llevadas en un camión junto con otras mujeres arrestadas ese mismo día. Tras llegar al edificio CompiNg alrededor de las 10:00 de la mañana,