En primavera, en la región de Compienne, un edificio administrativo gris y de aspecto austero se transformó discretamente en un centro de detención bajo administración alemana. Oficialmente, según los documentos de la ocupación de posguerra, era simplemente un punto de tránsito, un centro de clasificación antes del traslado a campos más grandes en Alemania o Europa del Este.
“9 minutos”: ese era el tiempo que un soldado alemán tenía con cada prisionero francés en la habitación número 6.