“9 minutos”: ese era el tiempo que un soldado alemán tenía con cada prisionero francés en la habitación número 6.

 

Sin embargo, como solía ocurrir durante la ocupación, la realidad iba mucho más allá de los límites burocráticos de los registros. Entre abril y agosto de 1943, tras esos gruesos muros y estrechas ventanas, demasiado altas para ver, se llevaban a cabo prácticas organizadas de deshumanización en casi total silencio. Fue en este contexto que Elise Martilleux, de 20 años, fue arrestada al amanecer del 12 de abril de 1943 en su ciudad natal de San Lite.

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