Un padre entregó a su hija embarazada por una deuda: lo que el vaquero de la montaña le devolvió dejó atónito.

 

Ezequiel tomó el contrato y lo acercó a la llama.

—Ahora usted decide. Si quiere irse, la llevo. Si quiere quedarse, esta casa también es suya.

El papel ardió lentamente. Camila vio cómo se doblaba, se ennegrecía y desaparecía en cenizas.

No sintió miedo.

Sintió aire.

—No quiero irme —dijo.

Ezequiel la miró con una ternura silenciosa.

—Entonces está en casa.

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