Un nuevo comienzo: la historia de Svetlana

Svetlana estaba de pie junto a la estufa, revolviendo la sopa con una cuchara de madera, cuando las palabras de Viktor la impactaron como un rayo caído del cielo.

“¡No eres nadie, vives a costa mía!”, gritó, golpeando su plato vacío contra la mesa del desayuno. “¡Durante treinta años te quedaste en casa, cuidando a los niños, y ahora te quejas!”

¿Qué fue lo que realmente desencadenó este arrebato? Su simple deseo de tener una lavadora nueva finalmente había dejado de funcionar después de quince años de servicio confiable.

—Viktor, no te pido un palacio en Suiza —respondió Svetlana con calma, sin volverse para mirarlo—. Me refiero a una simple lavadora.

—¡Lo más extraordinario que he visto en mi vida! —se burló—. ¿Y quién va a pagar por eso? ¿Acaso crees que el dinero te va a caer del cielo?

Svetlana dejó la cuchara lentamente. Treinta y cuatro años de matrimonio. Durante treinta y cuatro años, se había levantado cada mañana a las cinco para prepararle el desayuno. Cuando él empezaba su empresa de construcción, ella se encargaba de la contabilidad y pasaba las noches haciendo papeleo mientras él dormía plácidamente. Había dejado su trabajo en la escuela, donde era querida tanto por los niños como por los profesores. Había dado a luz y criado a dos hijos. Se había encargado de la casa, del jardín y había cuidado de su madre enferma hasta su muerte.

¿Qué escucha ella a cambio? “No eres nadie”.

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