Tía Florinda: La lavandera que hirvió viva a su ama en la bañera – Río de Janeiro, 1875

 

—Sí. Oh —respondí, confundida—. Esta mancha…

¿Cómo te atreves a devolverme un vestido manchado?

Sí. Oh, no había visto ese vestido. Lo llevabas puesto anoche.

—¿Me estás llamando mentirosa? —Su ​​voz subió un tono—. ¿Estás diciendo que mentí sobre este vestido?

No, señora.

—¡Cállate! —gritó, dándome una bofetada.

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