—Sí. Oh —respondí, confundida—. Esta mancha…
¿Cómo te atreves a devolverme un vestido manchado?
Sí. Oh, no había visto ese vestido. Lo llevabas puesto anoche.
—¿Me estás llamando mentirosa? —Su voz subió un tono—. ¿Estás diciendo que mentí sobre este vestido?
No, señora.
—¡Cállate! —gritó, dándome una bofetada.