Fueron unos desconocidos quienes casi destruyeron mi mina.
Elegí a mi esposa y a mi hijo.
La policía se llevó a mi madre y a mi hermana.
El juicio posterior no fue ni rápido ni fácil, pero se hizo justicia.
Valeria se recuperó lentamente. Santiago sobrevivió.
Empezamos de cero en un pequeño apartamento: sencillo, imperfecto, pero seguro.
Con el tiempo he aprendido lo que realmente importa.
Ser hijo no te da prioridad sobre ser esposo o padre.
El amor no se demuestra con lazos de sangre, sino con acciones.
Y proteger a la familia no se trata de promesas.
Se trata de las decisiones que tomas cuando más importan.
Una vez tomé una decisión equivocada.
Pero cada día después de eso, volví a decidirme:
Mi esposa.
Mi hijo.
Y una vida en la que nunca tengas que rogar por amor.