PARTE 2Navidad
Nadie respiró durante varios segundos.
La música navideña seguía sonando de fondo, una versión suave de “Noche de Paz”, pero en aquella sala no había paz ni madre.
Sebastián se quedó congelado frente a 4 niños que tenían su cara.
Patricia se agarró del respaldo de una silla.
La mujer rubia retrocedió un paso, como si de pronto todo el piso se hubiera movido debajo de sus tacones.
—Contesta —dijo Lucía, sin levantar la voz—. La niña te hizo una pregunta.
Sebastián tragó saliva.
Miró a Regina, luego a los otros 3.Biología
—Yo… no sabía.
Mateo soltó una risa seca, impropia de un niño.
—Eso dice la gente cuando no quiere hacerse responsable, ¿no?
Varios familiares murmuraron.
Una tía intentó acercarse a Patricia, pero ella la apartó con un gesto.
—Lucía —dijo Sebastián, recuperando un poquito de aire—, no puedes llegar así, sin avisar, con niños, armando este show frente a todos.
Lucía lo miró como si por fin confirmara que el descaro sí tenía cara.
—Tú me invitaste, Sebastián. Solo no te imaginaste que yo ya no obedecía tus condiciones.
La mujer rubia levantó la mano, temblando.
—¿Alguien me puede explicar qué está pasando?Embarazo y maternidad
Lucía volteó hacia ella.
—Supongo que tú eres Mariana.
La mujer asintió despacio.
—Su prometida.
Lucía miró el anillo sobre el piso.
—Qué curioso. Yo todavía soy su esposa legal.
La sala explotó en murmullos.
Una copa cayó sobre la mesa.
Alguien dijo “no manches” en voz baja.Gente y sociedad
Mariana se quedó blanca.
—¿Qué?
Sebastián se giró hacia ella.
—Mariana, déjame explicarte.
—No —respondió ella—. Primero dime si es verdad.
El silencio de Sebastián fue suficiente.
Patricia intervino con esa voz de señora acostumbrada a mandar hasta en la misa.
—Esto es una falta de respeto. Lucía, toma a esos niños y sal de mi casa antes de que llame a seguridad.
En ese momento, la puerta se abrió de nuevo.
Entró un hombre de traje gris, acompañado de una mujer con carpeta y gafete oficial.
—No hará falta llamar a nadie, señora Montes —dijo él—. Ya estamos aquí.
Lucía no se movió.
—Licenciado Salgado, gracias por venir.
Sebastián lo reconoció de inmediato.
Era abogado.
Y no cualquier abogado.
El mismo que semanas antes había logrado congelar varias cuentas de empresas familiares en un caso que salió hasta en Reforma.
Patricia endureció la mandíbula.
—¿Qué significa esto?
El licenciado Salgado abrió su portafolio.
—Significa que la señora Lucía Herrera ha presentado una demanda formal por pensión alimenticia retroactiva, ocultamiento de bienes, fraude procesal y abandono de 4 menores.
Emiliano, que llevaba una mochila pequeña, sacó una carpeta azul y se la entregó a su mamá.Embarazo y maternidad
Lucía la puso sobre la mesa.
Dentro había 4 actas de nacimiento.
4 expedientes médicos.
Y una prueba de ADN privada.
El nombre de Sebastián Montes aparecía como padre biológico con 99.9% de compatibilidad.
Mariana se tapó la boca.
—Dios mío…
Sebastián tomó una de las hojas con manos torpes.
—Esto no puede ser.Crianza de los hijos
—Sí puede —dijo Lucía—. Lo que no pudo ser fue tu valentía.
Patricia intentó arrebatar la carpeta, pero el licenciado la detuvo.
—Le recomiendo no tocar documentos legales, señora.
Patricia lo miró con odio.
—Usted no sabe con quién se está metiendo.
El abogado respondió tranquilo:
—Con una familia que lleva 8 años creyendo que el dinero compra el silencio. Y parece que hoy se les acabó la promoción.
A varios invitados se les bajó la mirada.
El escándalo ya no era una visita incómoda.
Era una bomba.
Mariana se volvió hacia Sebastián.
—Me dijiste que estabas divorciado desde hace años.
—Estábamos separados —balbuceó él.
—Me enseñaste papeles.
Lucía levantó la vista.
—Papeles falsos, seguramente.
El licenciado Salgado sacó otra carpeta.
—De hecho, eso también será revisado. El trámite de divorcio nunca concluyó porque el señor Montes no presentó documentos obligatorios. Aun así, declaró estado civil falso en varios contratos.
Mariana respiró hondo, como si le doliera el aire.
—Me pediste matrimonio frente a mi familia sabiendo esto.
Sebastián dio un paso hacia ella.
—Yo iba a arreglarlo.
—¿Cuándo? ¿Después de la boda? ¿Después de tener hijos conmigo también?Bodas
Los ojos de Lucía se clavaron en él.
Esa frase quedó flotando.
Patricia fue la primera en reaccionar.
—Mariana, no digas tonterías. Sebastián cometió errores, pero esta mujer vino a destruirlo.
Lucía sonrió sin humor.
—No, doña Patricia. Yo no vine a destruirlo. Vine a cobrar la factura que ustedes dejaron creciendo durante 8 años.
Valentina, que había estado callada, miró a su abuela.
—¿Usted sabía de nosotros?
Patricia no respondió.Biología
Pero su silencio no fue limpio.
Fue pesado.
Culpable.
Lucía lo notó.
El abogado también.
—Qué bueno que pregunta, niña —dijo el licenciado con suavidad—. Porque hay algo más.
Patricia levantó la cara de golpe.
—No.
El licenciado sacó una tercera carpeta.Gente y sociedad