PARTE 2: Rodrigo se acercó a mí con esa voz suave y falsa que usaba cuando había testigos.
“Mariana, diles que fue un accidente. Piensa en las niñas.”
El doctor permaneció inmóvil. Una enfermera se quedó junto a la puerta.
Entonces entró una mujer de traje azul, cabello recogido y mirada firme.
“Soy Laura Méndez, de Trabajo Social”, dijo. “Aquí nadie la va a presionar.”
Rodrigo soltó una risa seca.
“Esto es asunto de familia.”
“Precisamente por eso estoy aquí”, respondió ella.
Algo dentro de mí se quebró.
No era valor todavía.
Era apenas una grieta en el miedo.
Rodrigo se inclinó hacia mi oído.
“Si abres la boca, jamás vuelves a ver a tus hijas.”
Ese golpe no fue al cuerpo.
Fue directo al alma.
Laura vio mi rostro cambiar.
“Señor, salga de la habitación.”
“Es mi esposa.”