“La cita más guapa que hay”.
“¡Y la mejor que jamás podría pedir!”.
El abuelo me dio una palmadita en la mano mientras le empujaba hacia el Automóvil bajo todas aquellas estrellas. Pensé en una noche de hacía 17 años en la que un hombre de 67 años se adentró en el humo y salió cargado con un bebé.
Todo lo bueno de mi vida había surgido de aquel único acto de amor.
El abuelo no sólo me sacó del fuego aquella noche. Me trajo hasta aquí.
Y me prometió la cita más guapa en el baile de graduación. También fue el más valiente.