Pero aquí radica el verdadero problema: saber qué comer es una cosa; saber cómo incorporarlo sin fracasar en el intento es otra muy distinta. Por eso, más que una simple lista de alimentos milagrosos, quiero compartir recetas prácticas para que esos poderosos nutrientes lleguen a tu plato.
Receta 1: El truco del puño oculto
Toma un puñado de espinacas o col rizada cruda. Mézclalo en tu batido de frutas, tu salsa de tomate casera o tus huevos revueltos. No cambiará el sabor, pero añadirás una gran dosis de vitamina K y hierro sin esfuerzo.
Receta 2: La regla de oro del congelador
Las frutas rojas frescas son caras y se estropean rápido. Cómpralas congeladas. Así siempre las tendrás a mano para yogures, avena nocturna o incluso para descongelarlas y mezclarlas con un poco de limón como postre rápido.