El dolor de cadera no siempre se manifiesta de forma clara. A veces comienza como una molestia leve, un pinchazo ocasional o una sensación de rigidez al levantarse después de estar sentado mucho tiempo. El error más común es ignorar estas señales pensando que “se pasará solo”. Sin embargo, el cuerpo suele avisar antes de que el daño sea mayor.
Otro aspecto importante es el impacto que estos problemas tienen en la calidad de vida. Cuando duele la cadera, la persona empieza a moverse menos. Al moverse menos, pierde fuerza muscular. Al perder fuerza, aumenta el riesgo de caídas. Es un círculo vicioso que puede avanzar rápidamente si no se actúa a tiempo. Por eso, la prevención y el diagnóstico temprano son claves.