Una fractura de cadera no es una lesión cualquiera. No se trata solo de un hueso roto que necesita reposo. En la mayoría de los casos requiere cirugía, rehabilitación prolongada y un proceso de recuperación que puede ser largo y complejo. Además, tiene un impacto emocional fuerte: miedo a volver a caer, pérdida de independencia y, en ocasiones, depresión o ansiedad.
Pero no todo problema de cadera es una fractura. También existen afecciones como la artrosis, la necrosis avascular, la bursitis o las lesiones por desgaste. La artrosis, por ejemplo, aparece cuando el cartílago que recubre la articulación se va deteriorando, provocando dolor, rigidez y pérdida de movilidad. Es común en personas que han sometido sus caderas a sobreesfuerzos durante años, ya sea por trabajo físico intenso, deportes de alto impacto o exceso de peso corporal.
El sobrepeso es otro factor que suele pasarse por alto. Cada kilo de más representa una carga adicional para las articulaciones, especialmente para las caderas y las rodillas. Con el tiempo, esa presión constante acelera el desgaste articular y aumenta el riesgo de lesiones. Muchas personas no relacionan su peso con el dolor de cadera hasta que el problema ya está avanzado.