Mantente bien hidratado.
El agua protege las articulaciones: beba entre 1,5 y 2 litros diarios, según su nivel de actividad.
Mueve tu cuerpo, suavemente.
Caminar, nadar, practicar yoga y pilates pueden mejorar la flexibilidad y reducir la rigidez.
Prioriza el sueño y controla el estrés.
Un buen descanso favorece la reparación de los tejidos, y las actividades relajantes (meditación, ejercicios de respiración) reducen la inflamación relacionada con el estrés.