Pero cada vez que pasaba la mano por ahí, recordaba una verdad dolorosa: a veces la familia no se pierde cuando se va de casa, sino cuando decide no defenderte estando a tu lado.
Y esa lección, aunque me costó lágrimas, también me devolvió la vida.
Pero cada vez que pasaba la mano por ahí, recordaba una verdad dolorosa: a veces la familia no se pierde cuando se va de casa, sino cuando decide no defenderte estando a tu lado.
Y esa lección, aunque me costó lágrimas, también me devolvió la vida.