Cuando llegué a Riverside Park, mis manos habían dejado de temblar. Eso me asustó más que el propio dolor. El dolor era humano. El temblor era humano. Pero la quietud dentro de mí se sentía como el nacimiento de algo nuevo.
Algo peligroso. Aparqué junto al río helado y me senté sola en la oscuridad. Al otro lado del agua, la ciudad brillaba como una vida a la que ya no pertenecía. La voz de Mark seguía resonando en mi cabeza.
Es nuestro bebé.
Presentaré la solicitud después de Año Nuevo.
No puedo seguir fingiendo con Anna para siempre.
Durante diez años