Unas vacaciones de invierno que unirían aún más a toda la familia
Andrea Hallberg llevaba casi un año planeando estas vacaciones.
No fue una idea surgida de la nada durante una cena y olvidada a las pocas semanas. Todo estaba organizado: las fechas, los depósitos, las reservas, las cabañas, las actividades e incluso las clases de esquí adaptadas.
Quería regalarle a su hijo, Caleb, una semana en la que pudiera ser él mismo sin tener que disculparse por ser quien era.
Caleb tenía ocho años y sufría de trastorno del procesamiento sensorial. El ruido, las luces brillantes, los olores intensos o las conversaciones simultáneas podían abrumarlo rápidamente. Sin embargo, contrariamente a lo que muchos imaginaban, no era un niño frágil.