Olvidé decirle a mi esposo que mi padre había instalado una cámara en la casa de campo. Al ver la grabación, me temblaron las manos…

Nunca imaginé que un simple fin de semana en la antigua casa de campo de mi familia cambiaría mi vida para siempre.

Mi padre había construido aquella casa con sus propias manos más de treinta años atrás. Después de su fallecimiento, la propiedad quedó para mi madre y para mí. Era un lugar tranquilo, rodeado de árboles, donde solíamos reunirnos en vacaciones y celebrar cumpleaños.

Un año antes, tras varios robos en la zona, mi padre había decidido instalar un pequeño sistema de cámaras de seguridad conectado a su teléfono. Cuando murió, el acceso quedó registrado en una vieja libreta que guardé en un cajón.

Con el tiempo, me olvidé por completo de aquellas cámaras.

Incluso olvidé mencionárselas a mi esposo, Daniel.

Una tarde de viernes me dijo que debía viajar por trabajo durante el fin de semana.

—Tengo una reunión importante con unos clientes. Volveré el domingo por la noche.

No sospeché nada.

Aproveché esos días para visitar a mi madre en otra ciudad.

Todo parecía completamente normal.

El lunes por la mañana recibí una llamada del vecino de la casa de campo.

—Lucía, ¿estuviste aquí el fin de semana?

—No… ¿Por qué?

—Vi un automóvil entrando el sábado por la tarde. Pensé que eras tú.

Sentí curiosidad.

Recordé entonces las cámaras.

Busqué la vieja libreta.

Después de varios intentos conseguí acceder al sistema.

Las grabaciones seguían almacenadas.

Abrí el video del sábado.

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