«Suplicarás clemencia», dijo el duque en el altar. Ella sonrió: «Jamás he suplicado nada». Parte 1 La catedral estaba llena de flores blancas, cirios dorados y murmullos que parecían rezos, pero Camila Robles sentía que todo aquello era menos una boda que una sentencia.

—Antes lo habrías guardado como prueba.

—Antes era un hombre que confundía poder con valor.

—¿Y ahora?

Alejandro respiró hondo.

—Ahora estoy aprendiendo que lo más importante que alguien te entrega no se toma. Se devuelve entero.

Camila sintió que algo dentro de ella, algo que había permanecido cerrado desde el día de la boda, se aflojaba lentamente.

 

 

 

 

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