Dentro de la carpeta había obituarios impresos de hombres y mujeres de Querétaro, Guanajuato, Hidalgo y San Luis Potosí.
Junto a cada nombre aparecían notas escritas a mano:
“Casa propia”.
“Sin hijos”.
“Pensión alta”.
“Vulnerable”.
“En proceso”.
El nombre de Esteban estaba en la quinta hoja.
“Viudo. Dueño de 2 tráileres. Casa pagada. Hijo manipulable. Ausencias largas.”
A un lado, Marisol había escrito:
“Casi asegurado. Falta sacar al muchacho.”
Esteban sintió que el piso se movía.
Marisol no había aparecido por casualidad 7 meses después de la pérdida de Laura. Los encuentros en el panteón y su aparente comprensión habían sido parte de una estrategia.
Sin mover los documentos, grabó hoja por hoja.
En el clóset encontró 2 maletas preparadas, identificaciones con apellidos distintos y 380,000 pesos en efectivo. Dentro de una caja de zapatos estaba el teléfono de Emiliano.
Al encenderlo aparecieron mensajes escolares y 23 llamadas perdidas de Esteban. Marisol había contestado varias fingiendo ser Emiliano.
También había un video.
Kevin golpeaba la bicicleta de Emiliano contra la banqueta mientras doña Lourdes se reía desde la puerta. El archivo se llamaba:
“Para que su papá vea quién empezó”.
Esteban llevó a su hijo a una clínica. La doctora registró lesiones de distintas fechas, pérdida de peso y señales de ansiedad prolongada. Cristianismo
Después fueron al banco.
Durante casi 2 años, Marisol había usado una tarjeta adicional para retirar dinero y transferirlo a su madre y a su hermana Karla. En total faltaban más de 1,300,000 pesos.
—¿Por qué nunca me dijiste cuánto te quitaban? —preguntó Esteban.