Acabo de salir de una cirugía larga.
Ocho horas dentro de una sala fría,
rodeada de monitores, silencios tensos y miradas que hablan sin palabras.
Soy cirujana… y hoy, una vida volvió a respirar.
No fue fácil.
Cada minuto fue una batalla contra el cansancio, el miedo y el peso de saber que un error puede cambiarlo todo.
Salí agotada, con las manos temblando y el corazón lleno,
porque en medio del cansancio, también hay gratitud.
No siempre somos héroes de bata blanca.
A veces solo somos **humanos** que luchan por hacer el bien,
aun cuando el alma pide descanso.
Si llegaste hasta aqui una palabra de aliento.
Nunca sabes a quién podrías estar ayudando a continuar.
…Y aunque nadie vea las noches sin dormir,
las lágrimas escondidas detrás de una mascarilla,
o el peso silencioso que cargamos después de cada cirugía,
seguimos adelante… porque una sola vida salvada
vale más que todo el cansancio del mundo.
Hoy quizás el cuerpo esté agotado,
pero el corazón sabe que hizo algo inmenso.
No todos entienden lo que significa sostener una vida entre las manos,
pero Dios sí ve cada esfuerzo, cada miedo y cada oración silenciosa.
A todas las personas que luchan en silencio:
descansen cuando puedan, respiren profundo y no olviden algo importante…
hacer el bien también salva al que lo hace.
Y a ti, doctora, gracias.
Porque mientras muchos duermen tranquilos,
hay personas como tú peleando para regalar un mañana a alguien más.
Ingredientes:
3 papas medianas (aprox. 600 g)
Sal al gusto
1 cucharadita de ajo en polvo
100 g de queso mozzarella rallado finamente
Pimientos picantes al gusto (puede ser ají en polvo)
7 cucharadas de fécula de papa (puedes usar maicena como alternativa)
Perejil fresco picado al gusto
Queso parmesano rallado al gusto
Preparación