Mientras mi esposo se bañaba, vi un mensaje del “repartidor” en su celular: “¡te extraño mucho, mi amor!”. Yo respondí: “ven corriendo, mi esposa no está en casa hoy…” cuando sonó el timbre… el rostro de mi esposo se congeló.

Tras esa breve conversación, entré en el dormitorio y cerré la puerta con llave. Saqué mi móvil y abrí la conversación con Sergio. Escribí un mensaje con mucho cuidado, asegurándome de que mi tono sonara como el de una mujer que tiene el control de la situación.

“Me voy de viaje mañana viernes por la mañana y no volveré hasta el domingo por la tarde. Mi casa estará completamente vacía durante todo el fin de semana. Este es el horario detallado de mi viaje para que sepas exactamente cuándo tienes que estar preparado. Pasa esta información a la tal Anita. Recuerda, infórmame de cada uno de sus movimientos”.

Después de escribir el mensaje, inserté el enlace falso que Laura me había enviado hacía unos minutos. Pulsé enviar y esperé con el corazón latiendo con fuerza. Menos de 5 minutos después, el mensaje mostró el doble check azul. Sergio lo había leído. Unos segundos más tarde llegó su respuesta.

“Entendido, señora. Ya he abierto el enlace con el horario. Informaré de esto a la señorita Anita de inmediato. Esté tranquila, señora. Ahora estoy de su parte”. Sonreí con cinismo al leer esa respuesta repugnante. Realmente pensaba que yo era una esposa estúpida a la que podía engañar tan fácilmente.

Poco después, mi móvil vibró. Una llamada de Laura. La contesté de inmediato y me acerqué el teléfono a la oreja. “Elena, el pez ha picado el anzuelo”, dijo Laura en un susurro emocionado. “Ese idiota ha hecho clic en el enlace. He conseguido entrar en el sistema de su móvil y he activado el micrófono a distancia. Escucha esto. Voy a conectar su audio a nuestra llamada”.

La voz de Laura desapareció, reemplazada por un suave crujido. Luego se oyó el sonido de una puerta cerrándose de golpe. Después escuché pasos y la voz de una mujer riendo a carcajadas. Debía de ser Anita. “¿Qué tal, cariño? ¿Esa esposa tonta se ha creído de verdad la farsa del paquete de anoche?”, preguntó Anita con un tono muy meloso y triunfante.

“Se lo ha creído al 100%”, respondió la voz de un hombre que reconocí de inmediato como la de Sergio. “Incluso me interceptó en la calle y me amenazó. Me ordenó que fuera su espía. Creyó que te traicionaría por una amenaza tan barata. Qué mujer más estúpida”. Ambos soltaron una carcajada.

Su risa me resultó dolorosa. Apreté los puños con tanta fuerza que mis uñas se clavaron en las palmas de mis manos. “¿Y cuál es el plan ahora?”, preguntó Anita de nuevo. “Esa idiota me acaba de enviar un mensaje. Dice que se va de viaje desde el viernes hasta el domingo. La casa estará completamente vacía. Es nuestra oportunidad de oro, Anita. Llama a ese ricachón de Javier y queda con él en su casa el viernes por la noche. Dile que quieres probar la emoción de intimar en su dormitorio principal”.

“Por supuesto. Ese vejestorio se pondrá como loco de contento. Es muy fácil de manipular. Tiene mucho dinero, pero el cerebro vacío”, replicó Anita con un tono despectivo hacia mi marido. “Perfecto”, dijo Sergio con avaricia. “Mientras vosotros dos estáis ocupados en el salón o en la habitación, asegúrate de dejar una rendija de la ventana trasera, la de la cocina, un poco abierta. Yo me colaré por ahí”.

“Cogeré los objetos de valor que encuentre en su despacho. Luego instalaré la cámara de vigilancia y el dispositivo de grabación en el rincón más estratégico. Una vez que tengamos el vídeo de su infidelidad sin ropa, tendremos un arma mortal”. “¿Cuánto dinero le vamos a sacar esta vez, cariño?”, preguntó Anita con una voz llena de codicia.

“Medio millón de euros. Como mínimo”, respondió Sergio con firmeza. “Ese tal Javier es un alto directivo en una gran empresa. No querrá que su reputación y su carrera se vayan al traste por un vídeo escandaloso. Pagará lo que sea para que ese vídeo no llegue a manos de su mujer y de los jefes de su empresa. Una vez que tengamos el dinero, desapareceremos de esta ciudad y empezaremos una nueva vida”.

Laura cortó la llamada. El silencio volvió a envolver mi habitación, pero mi mente zumbaba con fuerza. Todos sus planes sucios habían quedado expuestos ante mis propios oídos. Con todo detalle. No eran simples estafadores, eran criminales muy peligrosos.

La poca compasión que pudiera quedarme por mi marido en algún rincón de mi corazón se había desvanecido por completo. Había metido a lobos hambrientos en nuestro matrimonio. Merecía todo el castigo que le iba a caer. Me levanté del borde de la cama, me acerqué al tocador y me miré en el espejo.

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