“Su Señoría, le presentamos pruebas documentadas de la contribución directa y sustancial de mi cliente a la fundación y el crecimiento de la empresa.”
Colocó un grueso archivo sobre la mesa.
Correos electrónicos con mis análisis legales. Borradores de contratos con mi nombre en sus metadatos. La estrategia de expansión original que había redactado en mi computadora. Propuestas de reestructuración fiscal. Informes financieros que documentan transferencias sospechosas de nuestra cuenta conjunta a la cuenta privada de Eduardo, pocos días antes de que se presentara la demanda de divorcio.
Un murmullo recorrió la sala.
Eduardo se levantó bruscamente. “¡El dinero es mío!”
“¿Puede probarlo?”, preguntó Alejandro con calma.
El silencio que siguió fue opresivo.