Me levanté y pegué el ojo a la mirilla.
Afuera no había nadie.
Esa noche no dormí.
Tres días después, el teléfono vibró otra vez.
“Elías ❤️”
Contesté llorando.
—Mamá, soy yo. Estoy vivo. Te lo explico después. Mañana, a las nueve, ven sola al café La Sombra. Y por nada del mundo… no le digas a Valentina.
La llamada terminó.
¿Cómo podía estar vivo un hijo enterrado sin cuerpo… y por qué su propia esposa temía que regresara?
La verdad no solo iba a resucitar a un muerto… iba a desenmascarar a una asesina.
Parte 2 …