Sentí un nudo en el estómago cuando dijo niña. No nieta. No era Sophie. Solo una niña. Aún me dolía, pero lo entendí; era la única palabra que pudo pronunciar a pesar de la vergüenza.
El timbre volvió a sonar. Robert salió un momento y regresó con una mujer alta con un abrigo gris oscuro que llevaba un maletín de cuero. Se presentó como Amanda Pierce, su abogada. Su expresión era tranquila, eficiente, sin curiosidad ni dramatismo, lo que hacía que todo pareciera aún más serio.
Claire soltó una risa forzada. «Esto es ridículo. ¿Estamos en una película?».
Amanda dejó el maletín en el aparador. «No, Sra. Bennett. En una película, la gente actúa sin pruebas. Sr. Bennett…»