Subí las escaleras, ignorando sus gritos de victoria y el sonido del tapón del champú al abrirse. No había empacado mucho. Solo mi pasaporte, mi partida de nacimiento y mi computadora portátil: la fuente de mi poder.
Recostada por última vez en la oscuridad del dormitorio principal, escuchándolos celebrar su “victoria”, abrimos la aplicación bancaria. Observé los pagos automáticos de los servicios públicos, el sistema de alarma y el internet de alta velocidad.
Los desactivé uno por uno. Pero eso fue solo el comienzo. El verdadero cambio aún estaba por llegar.
Capítulo 3: El Gran Igualador
Los siguientes siete días fueron los peores de mi vida.
Me registré en el Hotel Four Seasons, un lugar donde el servicio era impecable y nadie me preguntó por qué desayunaba sola, vestida con un elegante traje y con una expresión amenazante. Mi primera llamada fue al Sr. Henderson, un abogado de divorcios conocido en Austin como “El Gran Igualador”. Era un hombre que no solo ganaba casos, sino que también destrozaba vidas con precisión quirúrgica.