La joven fue vendida por 300 dólares a un ranchero desconocido, pero cuando él le dijo “ya no le debes nada a nadie”, descubrió la verdad que su madre ocultó llorando

A Marisol la vendieron por 300 dólares antes de que amaneciera, con un vestido ajeno sobre la cama y su padre escondiendo el dinero como si quemara.

La casa de adobe en las afueras de Álamos olía a café recalentado, tierra seca y vergüenza. Afuera, el viento levantaba polvo contra los nopales muertos del patio. Adentro, Tomás Ríos caminaba de un lado a otro, flaco por las deudas, con la camisa sudada y los ojos clavados en el piso. Su esposa, Elvira, estaba de pie junto al fogón, callada, con la cara pálida y una mano apretada contra el pecho.

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