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PARTE 2
Al día siguiente, Lucía pidió permiso en el trabajo durante la hora de comida y fue al Registro Público de la Propiedad.
No necesitaba hacerlo.
Ya sabía que esa casa no era suya.
Pero Lucía había aprendido de su madre una regla sencilla: cuando algo huele raro, no basta con sentirlo; hay que comprobarlo.
La escritura confirmó lo obvio.
La casa estaba a nombre de Carmen Robles viuda de Méndez y Andrés Méndez Robles.
Sin gravámenes.
Sin créditos.
Sin otro propietario.
Lucía salió del edificio con las copias en la mano y se quedó sentada en su coche, escuchando el ruido de la ciudad como si viniera de muy lejos.
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