La verdad salió a la luz nuestra primera noche.
En nuestra noche de bodas, Ethan me arrojó un trapo de limpieza húmedo a la cara.
Me dio justo en el blanco.
Se deslizó por mi vestido, dejando una mancha gris en las perlas que mi madre había cosido a mano.
No se rió.
No se disculpó.
Simplemente me miró y dijo:
“Ahora te toca cocinar y limpiar. No creas que puedes vivir aquí gratis”.
Sonreí.
No porque fuera gracioso.
Sino porque en ese momento todo quedó claro.
Esto no era una broma.
Ese era su verdadero rostro.