Todo se debe a la participación de Sal Da Vinci en el universo de Eurovisión tras el éxito alcanzado en los últimos meses gracias a sus canciones más recientes y a la fuerte exposición mediática y, en particular, gracias a Per sempre si.
Lo que realmente llamó la atención de todos fue su coreografía, que bailó junto a Francesca Tocca, con un beso final y un efecto escénico muy aplaudido, en el que la falda de la bailarina se transformó en la bandera italiana al final.