El cruel acto cometido por soldados alemanes contra prisioneras francesas embarazadas.

 

Marguerite despertó en el agua fría. Su ropa estaba húmeda, empapada por la humedad helada que emanaba del suelo, y la paja que le servía de colchón no le ofrecía consuelo alguno. A su lado, Simon seguía dormido, o fingía estarlo. Era difícil distinguirlo en un lugar así: el sueño y la realidad se fundían en la misma niebla de supervivencia.

A las seis de la mañana, una sirena estridente resonó en los barracones, rompiendo el frágil silencio. Se ordenó a las mujeres que se levantaran de inmediato. Los soldados golpeaban la puerta con porras, presionando con órdenes guturales y amenazas apenas disimuladas. Marguerite ayudó a Simone a ponerse de pie. La enfermera estaba débil, con el rostro pálido como la cera.

Sus labios agrietados sangraban ligeramente. «No puedo más», murmuró con voz apenas audible. Marguerite le apretó la mano con una fuerza que temía no poder soportar.

Próxima''O'' »
Próxima''O'' »

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *