La mesa volvió a reír, aunque esta vez con menos seguridad.
Valeria desbloqueó su celular encriptado y marcó un número privado. Lo dejó sobre la mesa, junto al pavo, como si acabara de poner una bomba.
Sonó 2 veces.
—Presidencia de Grupo Aurora Global —respondió una voz femenina—. Línea segura activa.
El silencio cayó pesado.
—Lucía —dijo Valeria—, ejecuta Protocolo Cero sobre la cuenta Solares-Bennett. Inmediato.
—Entendido, presidenta.
Eduardo dejó de sonreír.
Valeria continuó:
—Y activa la cláusula de terminación inmediata del empleado Eduardo Bennett. Motivo: conducta indigna de un representante ejecutivo, abuso familiar presenciado y falta grave de criterio. Vigencia: ahora.
Karla se levantó.
—Esto es ridículo. Seguro pagaste una actriz.
Pero el celular corporativo de Eduardo empezó a sonar con una alerta roja que nadie en la mesa había escuchado antes.
Él contestó con la mano temblando.
—¿Bueno?
La misma voz habló desde su aparato.
—Señor Bennett, habla la oficina de la presidencia ejecutiva. Su acceso a servidores ha sido revocado. Sus tarjetas corporativas quedan congeladas. El vehículo Audi Q8 asignado a su puesto será recuperado esta noche. Su contrato queda terminado.
—¿Terminado? —gritó Eduardo—. ¡Mis números están arriba! ¡Yo soy de los mejores!
—La instrucción viene directamente de la presidenta.
—¡Yo ni siquiera conozco a la presidenta!
Hubo una pausa.
—Está usted mirándola. Valeria Cárdenas de Montes está a 2 metros de usted.
El celular se le resbaló a Eduardo y cayó dentro de su plato.
Nadie respiró.
Mercedes miró a Valeria como si acabara de abrirse el piso.
—¿Presidenta…?
—No —respondió Valeria—. Yo soy la inútil que no sabe vestirse, ¿recuerdas?
Karla cambió de color.
—Valeria, espera. Fue una broma. Podemos comprarle otro vestido a Sofía. De diseñador. El que quiera.
Valeria miró a su hija en camiseta y mallas.
—Ese vestido no costaba dinero. Costaba amor.
Rogelio trató de recuperar autoridad.
—No vas a venir a humillarnos en nuestra propia casa.
—¿Su casa? —preguntó Valeria.
Mercedes se quedó inmóvil.
Valeria sacó una carpeta del bolso y la dejó sobre la mesa.
—Hace 3 años, Mateo me pidió pagar la hipoteca de esta propiedad de manera anónima porque ustedes estaban a punto de perderla. También pagué las cuotas del club, la escuela privada de tu nieto y varias deudas fiscales de Rogelio. Todo salió de mi fideicomiso personal.
Karla se llevó una mano a la boca.
Afuera, unas luces naranjas iluminaron las ventanas. Una grúa entraba por la reja.
Eduardo corrió hacia el ventanal.
—¡Mi camioneta!
—Nunca fue tuya —dijo Valeria.
Mercedes dio un paso hacia Sofía.
—Mi niña, abuelita no quiso…
Sofía se escondió detrás de su madre.
Valeria la levantó en brazos.
—No la toques.
Entonces el celular de Valeria volvió a vibrar.
Mensaje de Mateo: “No salgas por la entrada principal. Mi madre no fue la única. Revisé movimientos. Hay algo más grave. Karla usó el nombre de Sofía.”
Valeria leyó la frase 2 veces.
Luego miró a Karla.
La cuñada entendió que algo acababa de cambiar.
Y por primera vez en toda la noche, fue ella quien tuvo miedo.
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