Se me heló la sangre.
La abuela yacía allí, probablemente agonizando, y la principal preocupación de mi madre era el dinero.
Me dirigí a la máquina expendedora con las piernas temblorosas, las luces fluorescentes eran demasiado brillantes, el pasillo demasiado ruidoso, mi corazón latía con fuerza como si quisiera escaparse.
En aquel momento no lo sabía, pero esa pregunta les co