PARTE 2 — La libertad podía esperar
Aquella decisión tuvo consecuencias.
McCain continuó siendo prisionero.
Su situación no se volvió sencilla.
Los años siguieron pasando mientras su familia esperaba noticias y sus compañeros enfrentaban también una situación extremadamente difícil.
Hubo momentos en los que su resistencia fue puesta a prueba una y otra vez.
En determinado momento, llegó incluso a realizar una declaración que posteriormente consideraría uno de los episodios más dolorosos de su cautiverio.
No intentó presentarse como un hombre perfecto.
Y quizá esa sea una de las partes más humanas de su historia.
Porque McCain reconoció posteriormente que había momentos en los que simplemente intentaba sobrevivir.
No salió de aquella experiencia convertido en un héroe sin miedo.
Salió siendo un hombre que había conocido sus propios límites.
Y eso hizo que su historia fuera todavía más humana.
Durante aquellos años aprendió algo que recordaría durante el resto de su vida:
El valor no significa no tener miedo.
A veces significa continuar adelante incluso cuando tienes miedo.
Finalmente, en marzo de 1973, después de aproximadamente cinco años y medio de cautiverio, John McCain recuperó su libertad.
Regresó a Estados Unidos.
Pero regresar a casa no significaba que todo hubiera terminado.
Las consecuencias físicas de aquellos años permanecerían con él durante mucho tiempo.
Caminaba con dificultad y sus lesiones afectaron su vida cotidiana.
Sin embargo, decidió continuar.
Volvió al servicio militar.
Después entró en la política.
Y con el paso de los años se convirtió en una de las figuras más conocidas de Estados Unidos.
Pero sería mucho después cuando protagonizaría otro momento que demostraría que sus principios no estaban reservados únicamente para los momentos difíciles.