Lucía la tocó una tarde, con lágrimas en los ojos. Pensó en la hija que nunca pudo cargar. Pensó en todo lo que Diego le quitó. Pensó en aquella tarde de cristales rotos, cuando pidió solo un minuto para sostener a una bebé.
Un minuto cambió todo.
Un minuto salvó a Valentina.
Un minuto reveló a Victoria.
Y a veces, en una casa llena de gente poderosa, la persona con menos voz es la única que se atreve a escuchar la verdad.