PARTE 2: Rogelio se puso de pie tan rápido que su silla rechinó contra el piso.
—¡Lárgate de mi casa! ¡Y llévate a esa niña chillona!
Sofía escondió la cara contra el pecho de su madre.
Valeria no gritó. No lloró. Solo tomó su bolso del respaldo de la silla y caminó hasta el centro del comedor.
—Me voy a ir —dijo—. Pero antes tengo un asunto laboral urgente.
Karla soltó una carcajada.
—¿Laboral? ¿Vas a despedir a la señora que limpia tu departamento rentado?
Valeria miró a Eduardo.
—Tu esposo trabaja en Grupo Aurora Global, ¿verdad? Director regional de ventas para México y Centroamérica.
Eduardo levantó la barbilla.
—Así es. Y tú no tienes idea de lo que eso significa.
—Entonces contesta cuando suene tu teléfono.
—¿Por qué?
—Porque va a llamarte la oficina de la presidencia ejecutiva.
Nunca les dije a mis suegros que yo era dueña de un imperio de 5 mil millones de dólares. Para ellos, yo era “la ama de casa inútil”. En la cena de Navidad, mi suegra tiró a la basura el vestido favorito de mi hija de 8 años y dijo: “Se ve demasiado barato.” Mi niña rompió en llanto. Yo no grité. Solo les mostré quién era realmente… y esa noche, toda su vida empezó a derrumbarse.