PARTE 2: Sofía bajó las escaleras como si cargara cien kilos sobre la espalda. Se sentó en el sillón viejo de la sala, abrazándose las rodillas, mirando el piso con los ojos rojos.
Daniel bajó detrás de ella.
“Sofía.”
La muchacha dio un brinco.
“¿Papá?”
Él no gritó. No pudo. Tenía la garganta cerrada.
“¿Por qué no estás en la escuela?”
Ella bajó la mirada.
“Fui… pero me salí.”
“¿Desde cuándo?”
Sofía no respondió.
Daniel se sentó frente a ella, dejando espacio, como si temiera romperla con cualquier palabra.
“Don Ernesto te escuchó gritar. Yo también te escuché. Ya no me digas que todo está bien.”
Sofía apretó los puños hasta ponerse blanca.
“Me están haciendo la vida imposible en la prepa.”
Pero “hacer la vida imposible” era poco.
Le escondían la mochila en los botes de basura. Le escribían insultos en los cuadernos. Le pegaban notas en el pupitre llamándola mentirosa, arrimada, loca. Una vez encontró tachuelas dentro de sus zapatos deportivos. Otra semana, editaron una foto suya y la mandaron a varios grupos de WhatsApp de la escuela.
Nadie la defendió.
“¿Quién?” preguntó Daniel, con la voz baja y peligrosa.
Sofía tragó saliva.
“Renata Salcedo.”
El apellido golpeó a Daniel como una piedra en el pecho.
Renata era hija de Patricia Salcedo, la subdirectora de la preparatoria.
Mariana llegó media hora después. Al ver a Daniel sentado con el rostro desencajado y a Sofía temblando en el sillón, entendió que algo se había roto para siempre.
Los tres hablaron hasta que oscureció.
Sofía contó que había ido con Patricia a denunciar lo que pasaba. La mujer la escuchó sin mover un gesto y luego dijo:
“Mi hija jamás haría algo así. A veces las niñas inventan cosas para llamar la atención.”
Después de eso, todo empeoró.
Renata se enteró de la denuncia y convirtió el acoso en guerra abierta. Inventó que Sofía estaba obsesionada con un maestro joven. Crearon perfiles falsos para burlarse de ella. La enfermera de la escuela ya la conocía porque Sofía terminaba ahí tres veces por semana con náuseas, ataques de pánico y dolor en el pecho.
“¿Por qué no nos dijiste?” lloró Mariana.
Sofía los miró con una tristeza que los dejó sin defensa.
“Porque ustedes siempre dicen que uno debe aguantar. Que así es la vida. Y tú, papá…” Su voz se quebró. “Tú nunca estabas.”
Daniel sintió que esa frase le partió el alma.
Entonces preguntó lo que más le quemaba:
“¿Por qué Renata te odia tanto?”
Sofía se quedó quieta.
“Porque dice que tú arruinaste la vida de su mamá. Dice que ahora me toca pagar a mí.”
Mariana giró lentamente hacia Daniel.
“¿Conoces a esa mujer?”
Daniel se quedó sin color.
Sí. La conocía.
Dieciocho años atrás, antes de casarse con Mariana, Daniel había tenido una relación intensa y destructiva con Patricia Salcedo. Eran jóvenes, orgullosos y crueles. Él terminó con ella de la peor manera: desapareció, la humilló frente a amigos y nunca le dio una explicación.
Creyó que el tiempo borraba todo.
No imaginó que aquel veneno volvería años después para caer sobre su hija.
Mariana se levantó temblando de rabia.
“¿Una mujer adulta dejó que torturaran a mi hija por una venganza vieja?”
Daniel no pudo responder.
A la mañana siguiente, a las siete, los tres entraron a la dirección de la preparatoria.
Patricia Salcedo estaba sentada junto al director, impecable, con una sonrisa fría.
“Estos conflictos entre adolescentes deben tratarse con calma,” dijo el director.
“Se nos acabó la calma ayer,” respondió Mariana.
Daniel puso sobre el escritorio una carpeta llena de capturas, reportes médicos, faltas injustificadas y mensajes anónimos.
Patricia apenas los miró.
“Las muchachas de hoy exageran todo.”
Daniel se inclinó hacia ella.
“Tu hija no está castigando a la mía por un pleito escolar. Está obedeciendo el odio que tú le enseñaste.”
La sonrisa de Patricia desapareció.
“Los hombres destruyen vidas y luego se hacen las víctimas cuando alguien les cobra,” escupió.
El director palideció.
Patricia acababa de delatarse.
Y antes de salir, ella lanzó la amenaza que cambiaría todo:
“Si hacen esto público, voy a asegurarme de que Sofía quede marcada como inestable en todas las escuelas de la zona.”